No hay nada como un atardecer esporádico. Sin planearlo, estás pensando en otra cosa y de repente alguien te dice: "Mira qué bonito...", y no sabes qué tiene, lo que no le falta, lo que tampoco sobra, lo que lo hace perfecto, pero detendrías el tiempo y gastarías tu "no tiempo" en sus colores cálidos.
Da igual que se dibuje el contorno de esos edificios, o montañas nevadas, o un océano infinito, y que sea con el calor de Agosto o en pleno mes de Diciembre. Creo que es una de las poquitas cosas que sea como sea no pierde la esencia. De las pocas cosas en esta ciudad que aún alivian. De las pocas cosas que aún me gustan hacer sola.
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